
El Flúor es un elemento muy importante en la prevención de la caries dental. Aumenta la resistencia del esmalte dental al ataque bacteriano ya que refuerza su estructura evitando así su destrucción. Hay varias formas de obtenerlo: Pastas dentales, enjuagues bucales, geles, medicamentos en comprimidos o gotas, aguas con Flúor y sal de mesa. El uso de pastas dentales con flúor es un método muy recomendado para la prevención de la caries dental, tanto por su uso tópico como por la frecuencia de su aplicación (tres veces al día como mínimo), además de crear un hábito de limpieza bucal a través del cepillado. La cantidad a usar no debe ser muy grande, tan sólo la punta del cepillo. Si utilizamos una cantidad excesiva se forma mucha espuma y esto les hace pensar que ya está limpio y dejan de cepillarse antes. Lo ideal es cepillarse a conciencia sin pasta y después repasar el cepillado utilizando pasta con flúor. Las pastas son insuficientes, deben ser complementado con colutorios y aplicaciones tópicas profesionales dos veces al año.
Se emplean colutorios de uso diario con concentración de flúor de 0.05%
o de uso semanal con concentraciones de flúor de 0,2%. Antes de
acostarse es el momento de usarlos. La efectividad de los colutorios
depende de un correcto cepillado previo y de evitar el consumo de
leche u otro alimento después, pues el calcio anula el efecto del flúor
y cualquier otra ingesta lo diluye, disminuyendo así su efecto.
También lo encontramos en gotas o pastillas según la edad del niño.
Deben ser prescritas por el odontólogo o el pediatra con una dosis
ajustada a la edad del niño. Están indicadas hasta los 9 años, edad
en la que se finaliza la formación y calcificación de los dientes
permanentes.
El flúor en gel a alta concentración se utiliza cada 6 meses en el
gabinete dental. Se le aplica a los niños entre los 6 y los 15 años
en unas cubetas adaptadas al tamaño de su boca. |
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